Historia PDF Imprimir E-mail

Desde los más remotos tiempos fue Minaya un territorio de paso en la ruta entre Andalucía y el Levante, una lejana venta con vocación comercial, dispuesta estratégicamente en la infinita llanura manchega, haciendo gala de su nombre de procedencia árabe que significa "Camino abierto y visible".

Situada al noroeste de la provincia de Albacete, se encuentra entre La Roda y Villarrobledo. Antes de la conquista romana, estas tierras fueron habitadas por Íberos y Celtíberos. Sus primeros pobladores se remontan al siglo XII, en época de dominación árabe. En su mayoría eran campesinos dedicados al pastoreo. Con el tiempo fueron asentándose configurando un pequeño núcleo de población, ampliando su actividad a la agricultura que, junto a la ganadería, acabó constituyendo durante siglos la base de su economía.

Tras la reconquista cristiana Alfonso X concedió estas tierras a su hermano, el infante Don Manuel con el título de Señorío de Villena. De su afán por repoblar su inmenso territorio, nació el municipio de Minaya, un 8 de Noviembre de 1330, cuando se lo concedió a una persona de su confianza, Diego Fernández de Cuenca, para que lo poblara y administrara. Fue el primero de una larga serie de señores de Minaya, que durante cinco siglos fueron dueños de estas tierras, hasta que en 1812 las Cortes de Cádiz abolieron los señoríos.

En el discurrir de los pueblos que iban y venían del norte hacia el sur, y los que emprendían sus rutas desde el mediterráneo hacia al Andalus, fue forjando Minaya su leyenda de parada en el camino, de fonda para el descanso y repostaje.

Como un vestigio de aquella España de la recua y el carruaje, del caminante y el caballero a lomos de su caballo, de las largas cuerdas de caravanas, se conserva en Minaya su antiguo y famoso Parador de mediados del 1.600. Era venta, mesón y posada. Un lugar bullicioso, de animado tráfico de personas y mercancías. Su amplio patio con capacidad para acoger animales y carruajes da una medida de sus grandes proporciones y de la importancia que tuvo en su época. Se cuentan entre sus visitantes ilustres Mariana Ana de Austria, segunda esposa de Felipe IV y madre de Carlos el Hechizado, Luisa Mana Teresa de Parma, quien a los 14 años vino a España para contraer matrimonio con su primo, futuro rey Carlos IV, también la visitó Fernando VII, a su regreso de Francia, una vez terminada la guerra de la Independencia e Isabel II, con motivo de la inauguración de la vía férrea, que pasa a tres kilómetros de la población.

Este pueblo también llamo la atención de Azorín el escritor levantino dejo constancia de sus calles limpias, casas blancas y casonas blasonadas. También tiene Minaya un hueco en el Quijote, ya que en sus cercanías situó Cervantes el pasaje del Quijote y los leones, en la segunda parte de la obra.

 

   

 

 

 

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